Escribo esto a sabiendas, este texto también se incluye a sí mismo en lo que critica. Es decir, también es un texto, también es teoría, también corre el riesgo de convertirse en comentario. La diferencia es que señala esa trampa en su propio cierre — "la salida no se enseña, se ensaya" — y por eso se sostiene.
Por qué Tiqqun
Tiqqun no resuelve el malestar. Lo reposiciona. Y al reposicionarlo, lo hace tratable — no en el sentido terapéutico, sino en el sentido en que un problema bien planteado es ya la mitad de su tratamiento.
Lo que el texto original diagnosticaba mal
El texto decía: hay atrofia de la atención, homogeneización del criterio, pasividad existencial. Diagnóstico de los síntomas. Pero no se preguntaba quién produce esos síntomas, para qué, y desde qué posición el propio diagnóstico se enuncia.
Tiqqun, en Introducción a la guerra civil, parte de otra hipótesis: el malestar no es un defecto del sistema, es su funcionamiento normal. Lo que el texto original llama "atrofia" o "pasividad" es, para Tiqqun, la manera en que el Imperio produce Bloom — sujetos separados de sí, de sus medios de existencia, de su lenguaje, de su deseo.
El adolescente en scroll no es un ciudadano caído. Es lo que el Imperio produce cuando todo lazo tradicional se ha roto y solo queda la circulación de flujos. El crítico culto que lo diagnostica no es la solución: es el reverso del mismo dispositivo, su modalidad de distinción.
El norte que Tiqqun señala
Cinco indicaciones, no pasos. No son programa. Son orientación.
Primera: asumir que estamos en guerra civil.
Tiqqun no propone la guerra civil — la constata. El Imperio ya la hace. La pregunta no es si la hay, sino si uno toma partido o se queda como espectador del propio aniquilamiento. El texto original es espectador: describe, diagnostica, lamenta. No toma partido. Tomar partido significa elegir bando en la hostilidad constitutiva — y aceptar que no hay neutralidad posible, que la pretendida neutralidad es ya una posición, la del cómplice que se cree observador.
Segunda: abandonar la crítica, practicar la hostilidad.
La crítica es lo que el Espectáculo digiere. La hostilidad es lo que no digiere, porque no se ofrece como argumento sino como separación. La hostilidad no convence al otro; se retira, se organiza, construye su propio terreno. Criticar el algoritmo es permanecer en el plano del algoritmo. Hostilidad al algoritmo es dejar de alimentarlo donde se puede, sin pretender abolirlo en abstracto.
Tercera: constituir formas-de-vida, no estilos de vida.
La diferencia es decisiva. Un estilo de vida es una identidad de consumo — una manera de distinguirse. Una forma-de-vida es la unidad indivisa de una vida y su forma: cómo se come, cómo se ama, cómo se habla, cómo se rechaza, cómo se habita, todo en un mismo gesto ético. No es máscara, es cuerpo. No se exhibe, se practica — porque exhibirla, como dice la Sección 9 de Tiqqun, es capturarla.
Cuarta: formar comunas, no comunidades.
Comunidad es la palabra del capital tardío: comunidad virtual, comunidad de usuarios, comunidad de lectura. Dispositivos de gestión de la soledad. La comuna tiqquniana es otra cosa: un agregado de afinidad donde se ensaya otra manera de sostenerse juntos, sin pedir permiso al mercado ni al Estado. No es definitiva, no es total, no es modelo. Es experimento. Territorio material donde el Bloom se reencuentra — no con su esencia perdida, que no existe — sino con otros Blooms en una común hostilidad.
Quinta: practicar la salida, no teorizarla.
Aquí el norte de Tiqqun es el más exigente. La teoría sin práctica es comentario. La práctica sin teoría es activismo estéril. Tiqqun propone práctica-teórica: cada bloc produce su propia teoría desde su experiencia, sin importarla de la universidad ni del partido. La salida no se enseña. Se ensaya. Y se ensaya con otros, o no se ensaya.